martes, 29 de noviembre de 2011

EL DUELO POR LOS MUERTOS. Sir. 38, 16-23.

Hijo mío, derrama lágrimas por un muerto y entona la lamentación que expresará tu dolor. Luego, entierra su cuerpo como se debe, no descuides nada referente a su sepultura. Gime amargamente, golpéate el pecho, haz el velorio como conviene por uno o dos días para marcar la separación, luego consuélate de tu tristeza.

Porque la tristeza lleva a la muerte, y la pena interior consume las energías.

Que la tristeza se acabe con los funerales: no puedes vivir siempre afligido.

¡No abandones tu corazón a la tristeza, échala y piensa en tu propio fin! No lo olvides: es sin vuelta. Tú te perjudicarías y no le harías ningún bien. Acuérdate de mi sentencia que un día podrás repetir: ¡ayer fui yo, hoy serás tú!

Desde el momento en que el muerto reposa, haz que también repose su recuerdo; consuélate desde el momento en que haya expirado.

2 comentarios:

  1. Esta lectura da calma a los que nos sentimos tan tristes por la perdida de un ser amado.

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